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BAILE FLAMENCO, EL

16,00 €

BAILE FLAMENCO, EL

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El baile flamenco es hijo de cuantas culturas han tenido por solar propio las tierras andaluzas y de cuantas formas de entender la danza aquí han florecido y prosperado. Es, pues, el fruto de muchos mestizajes. Un patrimonio tan impuro como bello. Sus raíces llegan hasta los albores de la civilización occidental y tiene como primeros intérpretes a las bailarinas gaditanas que cautivaron a Juvenal, Marcial y sus contemporáneos. Después, se ha ido codificando y ha terminado por alcanzar identidad propia, gracias principalmente a los andaluces y gitanos que nacieron con el don de la danza. Y de los bailes de negros que desde el siglo XV hasta bien entrado el XIX no dejaron de llegar a nuestros puertos. A los andaluces les debe la elegancia, la gracia y un punto de picardía; a los gitanos, la pasión, la garra y el temperamento; y a los negros, el descaro y la sensualidad. Como se dice en la introducción, el baile flamenco es «Una criatura que tiene brazos de andaluza, pies de gitana y caderas de negra. Porque de Andalucía aprendió a mover los brazos y a hacer filigranas con las manos. Y a tocar los palillos. De los calés, a zapatear en un palmo de tierra.(…)

SKU: 9788488586155 Categoría:
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Páginas: 216

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Descripción

El baile flamenco es hijo de cuantas culturas han tenido por solar propio las tierras andaluzas y de cuantas formas de entender la danza aquí han florecido y prosperado. Es, pues, el fruto de muchos mestizajes. Un patrimonio tan impuro como bello. Sus raíces llegan hasta los albores de la civilización occidental y tiene como primeros intérpretes a las bailarinas gaditanas que cautivaron a Juvenal, Marcial y sus contemporáneos. Después, se ha ido codificando y ha terminado por alcanzar identidad propia, gracias principalmente a los andaluces y gitanos que nacieron con el don de la danza. Y de los bailes de negros que desde el siglo XV hasta bien entrado el XIX no dejaron de llegar a nuestros puertos. A los andaluces les debe la elegancia, la gracia y un punto de picardía; a los gitanos, la pasión, la garra y el temperamento; y a los negros, el descaro y la sensualidad. Como se dice en la introducción, el baile flamenco es «Una criatura que tiene brazos de andaluza, pies de gitana y caderas de negra. Porque de Andalucía aprendió a mover los brazos y a hacer filigranas con las manos. Y a tocar los palillos. De los calés, a zapatear en un palmo de tierra.(…)

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